Orígenes: La memoria de la Sierra

Una historia de aprendizaje, ventanas abiertas y tradición por la curación

«Estamos donde el aire cambia A 1.250 metros de altitud, en la cara sur de Sierra Nevada, ocurre algo que no sucede en el valle: el aire se vuelve fino, frío y seco. Aquí arriba, no necesitamos tecnología para conservar; la montaña lo hace por nosotros. Es este entorno privilegiado el que nos permite trabajar sin atajos, en un lugar donde los inviernos aún son inviernos.»

La lección de la primera añada

La excelencia no nació el primer día. Nuestra historia comienza con un fracaso necesario. Cuentan en casa que las primeras piezas de nuestro abuelo no lograron sobrevivir; la impaciencia y el desconocimiento se cobraron su precio y aquella primera producción se perdió.

Pero lejos de rendirse, entendió que el jamón no se fabrica, se acompaña. Aprendió a ‘leer’ el cielo de la Alpujarra:

Cerrar a cal y canto cuando la lluvia y la humedad amenazaban desde la costa, para evitar que crie moho el jamón.

Abrir las ventanas de par en par en las noches gélidas para que el aire frío y seco sellara las piezas y las hiciera madurar lentamente

Hoy, esa danza de abrir y cerrar ventanas sigue siendo nuestro único reloj. No somos una industria, somos herederos de esa perseverancia.

Nuestro compromiso: Tu tranquilidad

En nuestros días, mantenemos la filosofía de hacer el mejor jamón que podamos de forma tradicional . Al ser productores directos, eliminamos la incertidumbre:

Selección Personal: No cogemos el primero de la fila. Escogemos la pieza exacta según tu gusto (tanto por tamaño como por gusto en cantidad de tocino).

Garantía de Satisfacción: Si la pieza no está en su punto óptimo, respondemos. Sin letra pequeña. Estamos al otro lado del teléfono, para ayudar en todo lo que podamos.

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